Esta semana hemos presentado nuestros proyectos de aprendizaje de manera práctica y hemos dado una clase a nuestros compañeros. Buscando hacerlo más real hemos tenido alumnos con papeles variados a representar para que fuera más parecido a la heterogeneidad de nuestras clases del colegio.
Como profesor, hemos tenido que elegir las tareas a desarrollar en la sesión (de un proyecto de más duración) y marcar los tiempos que íbamos a tener, intentado elegir actividades motivantes y amenas para que el resto pasara una clase lo más entretenida posible. Al igual que con los alumnos del instituto, la programación de los tiempos a veces no se cumple y hay que ir adaptando la clase al reloj. Pero esto ya lo hemos practicado en los colegios, la actividad me parece interesante por lo que aprendes de «otros profesores» y de cuando eres alumno.
El ver como otros dan la clase te hace reflexionar y aprender: si te gusta, lo copiarás y si no te gusta, piensas en que hubieras hecho para mejorarlo.
Todas las clases de mis compañeros me han parecido muy interesantes y variadas, y de todas se puede tomar ideas para el futuro.
El ejercer el rol de alumno te hace ver otra perspectiva de las cosas a mejorar como profesor. En la cabeza del profesor poner en la programación de la clase una introducción teórica puede parecer inamovible pero hay que tener cuidado. Si no son amenas y te hacen captar la atención, «las chapas» desmotivan.
Una buena entrada de ‘fin de curso’.
Como ya os comenté en clase, considero que una de las carencias de la formación docente es el no asistir a las clases de otros docentes.
También es muy enriquecedor ‘hacer de alumno’. Pero no ‘jugar a ser alumnos durante una hora’, sino ser la sombra de un alumno durante una jornada escolar. A los profesores se nos olvida demasiado pronto lo que se vive y se siente ‘al otro lado’… y no solo porque “las chapas” desmotivan.